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La profunda dimensión de la palabra humildad

Nota Valores

Musulman significa ofrecimiento, completa entrega a Dios. Esos Valores espirituales son reconocidos en la figura del Papa Francisco, un abanderado del diálogo interreligioso.

Articulo Completo

Hace pocos días hemos contemplado con asombro y gran alegría la asunción del Papa Francisco, el primer Papa latinoamericano de la historia. A medida que corrían los días lo hemos visto realizar grandes gestos de humildad a la manera de un total seguidor de Jesus, pidiendo por una Iglesia pobre y mas cerca de los fieles, una Iglesia humilde y servidora. Esto nos ha hecho recordar como musulmanes, la etimología de la palabra que nos nombra: musulmán significa literalmente ofrecerse, entregarse, darse por entero a Dios. El mayor acto de fe del musulmán es su completa entrega a Dios, es decir, ser conscientes de que somos creación de algo mayor, de algo que siempre es más grande (Allahu akbar), y ser plenamente conscientes de Su existencia significa ser también humildes.
Según las palabras del intelectual turco Fethullah Gulen la humildad (en árabeTawadu) es lo opuesto de la arrogancia, del orgullo y de la soberbia. También se puede interpretar como ser consciente de la posición real que uno tiene ante Dios, y permitir luego que esa conciencia sea la que guíe nuestra conducta ante Él y ante los demás.
En una narración que se atribuye al más veraz y confirmado, el Profeta Muhammad (la paz y las bendiciones sean con él) se afirma que dijo: «Al que es humilde, Dios lo enaltece; al que es soberbio, Dios le humilla».[1] Así pues, la grandeza de la persona es inversamente proporcional a su arrogancia, lo mismo que su verdadera insignificancia estará en relación inversa a su humildad.
La humildad ha sido definida de muchas maneras: Verse como careciendo de todas las virtudes que se originan en uno mismo, tratar a los demás con sencillez y respeto, verse a uno mismo como el peor de la humanidad (a no ser que haya sido honrado con un trato Divino especial), y estar alerta ante cualquier agitación del «yo» para suprimirla de inmediato. Cada una de estas definiciones expresa una dimensión de la humildad. No obstante, la última definición está relacionada con aquellos que han sido hecho sinceros por Dios, con los que están cerca de Él.
Hasan, hijo de ‘Ali y nieto del Profeta, la paz y las bendiciones sean con él, por parte de su querida hija Fátima, se sentó con unos niños que estaban comiendo migajas de pan y comió con ellos. En cierta ocasión, Abu Zarr ofendió a Bilal al-Habashi y, para obtener su perdón, puso la cabeza en el suelo al tiempo que exclamaba: «Si los benditos pies de Bilal no pisan esta cabeza pecadora, no se levantará del suelo».Todos estos sucesos y otros similares son ejemplos de humildad.
Dios Todopoderoso y Su Mensajero enfatizaron de tal manera la humildad, que quien sea consciente de ello no puede tener la menor duda de que la servidumbre consiste en humildad. El siguiente versículo coránico alaba la humildad:
«Los (verdaderos) siervos del Misericordioso son ellos quienes se mueven en la Tierra con delicadeza y humildemente, y cuando los ignorantes e imprudentes se dirigen a ellos (con insolencia o vulgaridad, como corresponde a su ignorancia e insensatez), responden con (palabras de) paz (sin entablar hostilidad con ellos)» ( Sura 25, aleya 63); y las declaraciones Divinas: «los más humildes con los creyentes» ( Sura 5: aleya 54) y «…y compasivos entre sí. Vosotros los contempláis (constantes en la Oración) inclinándose y postrándose…» (48: 29) son expresiones de alabanza por la arraigada humildad que se refleja en sus conductas.
La verdadera humildad implica que la persona reconozca su lugar ante la Grandeza infinita de Dios, y luego convierta este potencial ya realizado en una parte esencial y bien arraigada, de su naturaleza. Aquellos que lo han conseguido son humildes y ecuánimes en sus relaciones con los demás. Los que se han dado cuenta de que son nada ante Dios Todopoderoso, gozan de equilibrio en sus vidas religiosas y en sus relaciones humanas. Acatan los mandatos de la religión porque no tienen objeciones ante las verdades reveladas de la religión ni critican su método a la hora de dirigirse o relacionarse con la razón humana. Están convencidos de que es verdad todo lo que está contenido en el Corán y en las Tradiciones auténticas del Profeta, la paz y las bendiciones sean con él.
Aquellos que son realmente humildes no se atribuyen los frutos de su trabajo y de sus esfuerzos, ni creen que el éxito o los esfuerzos en el camino de Dios los hacen ser superiores a otros. No les importa la opinión de los demás ni exigen compensación alguna por sus servicios en el camino de Dios. El amor de los demás es una prueba para su sinceridad, y no se aprovechan de los favores que Dios les otorga para alardear de ellos ante otros.
En resumen, del mismo modo que la humildad es el pórtico a la buena conducta o a ser distinguido con las cualidades divinas (generosidad, misericordia, servicio, indulgencia, etc.), es también el medio primero y más destacado para estar cerca del Creador y de lo creado. Las rosas crecen en la tierra, y el género humano fue creado en la tierra, no en los cielos. Cuando más cerca de Dios está un creyente es cuando se postra ante Él. ¡Dios nuestro! Guíanos hacia aquello que Tú amas y Te complace, e inclúyenos entre Tus siervos humildes.

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