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Fethullah Gulen: El Deterioro de la Democracia en Turquía

El presente texto a continuación corresponde a la versiñon traducida al español del artñiculo original "Fethullah Gulen: Turkey's Eroding Democracy", publicado en el New York Times por Fethullah Gulen el día 3 de Febrero de 2015. 

Resulta terriblemente decepcionante ver en qué se ha convertido Turquía en estos últimos años. Hace no mucho, era la envidia de los países de mayoría musulmana: era candidata viable para ingresar a la Unión Europea, estaba en camino de convertirse en una democracia operativa que ratificara los derechos humanos universales, la igualdad de género, el estado de derecho y los derechos de kurdos y ciudadanos no musulmanes....

Hoy, esta oportunidad histórica parece haberse desperdiciado, mientras vemos al partido en el poder, conocido como A.K.P., revertir este progreso y reprimir a la sociedad civil, los medios, el poder judicial y la libre empresa.
Los actuales líderes de Turquía parecen estar reclamando un mandato absoluto en virtud de haber ganado las elecciones. Pero la victoria no les da permiso para ignorar la constitución o reprimir a aquellos que disienten, especialmente cuando la victoria se construye sobre un capitalismo de favoritismos y el servilismo de los medios. Los líderes del A.K.P. describen toda crítica democrática hacia ellos como un ataque al estado. Al considerar toda voz crítica como enemiga (o, aún peor, como traidora) están llevando al país hacia el totalitarismo.


Las últimas víctimas de la represión fueron los empleados, ejecutivos y editores de las organizaciones mediáticas independientes que fueron detenidos y que enfrentan cargos que sólo son posibles debido a los cambios recientemente hechos a las leyes y el sistema judicial. El director de uno de los canales de televisión más populares, arrestado en diciembre, está todavía en prisión. También hubo una purga entre los funcionarios públicos que investigaban los cargos de corrupción, tras lo cual se los encarceló, simplemente por hacer su trabajo. Una sociedad civil operante, con un poder judicial independiente y los medios de comunicación son el contrapeso que detienen las transgresiones del gobierno. Medidas como las que fueron tomadas, envían el mensaje de que quien se interponga en la agenda del partido oficialista sufrirá difamaciones, sanciones e, incluso, cargos falsos.

 

Los gobernantes de Turquía no sólo han alienado a occidente, están perdiendo también credibilidad en Medio Oriente. La habilidad turca de ejercer una influencia positiva en la región depende no sólo de su economía, sino también del estado de su propia democracia.
Los principios fundamentales de una democracia operativa (el estado de derecho, el respeto por las libertades individuales) coinciden con los valores islámicos más básicos que Dios nos ha otorgado. Ningún líder político ni religioso tiene la autoridad para removerlos. Es descorazonador ver a eruditos religiosos emitir justificaciones teológicas para la opresión del partido gobernante y su corrupción, o, incluso, permanecer simplemente en silencio.

 

Alzar la voz contra la opresión es un derecho democrático, un deber civil, y, para los creyentes, una obligación religiosa. El Corán deja bien en claro que el pueblo no debe permanecer en silencio frente a la injusticia: “¡Oh, vosotros, que creéis! Convertíos en estandartes de la justicia, atestiguando la verdad por Dios, incluso si esto os perjudica a vosotros, a vuestros padres o a vuestras familias”.
Durante los últimos cincuenta años he tenido la fortuna de formar parte de un movimiento civil llamado a menudo Hizmet, que cuenta entre sus miembros y patrocinadores a millones de ciudadanos turcos. Estos ciudadanos se han comprometido con el diálogo interreligioso, el servicio y la ayuda comunitaria y con lograr que aquella educación que es capaz de cambiar la vida de las personas se vuelva más y más accesible. Han establecido más de mil modernas escuelas laicas, centros de tutoría, universidades, hospitales y organizaciones de ayuda humanitaria en más de ciento cincuenta países. Son maestros, periodistas, empresarios y ciudadanos comunes.

 

La retórica que usa el partido en el poder para castigar repetidamente a las personas que participan de Hizmet no es más que un pretexto para justificar su propio autoritarismo. Las personas que participan de Hizmet nunca formaron un partido político ni tienen ambiciones políticas. Su participación en el movimiento es motivada por recompensas intrínsecas, no extrínsecas.


He pasado más de cincuenta años predicando y enseñando los valores de la paz, el respeto mutuo y el altruismo. He abogado por la educación, el servicio comunitario y el diálogo interreligioso. Siempre he creído en buscar la felicidad en la felicidad de los otros y en la virtud de buscar la complacencia de Dios en ayudar a Su gente. Cualquier influencia que se me pueda atribuir, la he usado como un medio para promover proyectos educativos y sociales que sirvan de alimento para individuos virtuosos. No tengo ningún interés en el poder político.
Muchos participantes de Hizmet, incluyéndome, apoyamos en su momento la agenda del partido oficialista, incluyendo en 2005 la apertura de negociaciones para el ingreso a la Unión Europea.

 

Nuestro apoyo en aquel entonces se basó en nuestros principios, así como nuestra crítica hoy en día. Es nuestro derecho y nuestro deber denunciar las políticas del gobierno que tengan un impacto profundo en la sociedad. Desafortunadamente, nuestra expresión democrática contra la corrupción pública y el autoritarismo nos ha convertido en víctimas de una caza de brujas; tanto el movimiento Hizmet como mi persona, nos hemos convertido en objeto de un discurso de odio, campañas mediáticas de difamación y acoso judicial.

 

Como sucede en todos los segmentos de la sociedad turca, los participantes del movimiento Hizmet tienen una presencia en las organizaciones gubernamentales y el sector privado. No se les puede negar a estos ciudadanos sus derechos constitucionales o someterlos a algún tipo discriminación solamente por simpatizar con los ideales de Hizmet, siempre y cuando respeten las leyes del país, las leyes de las instituciones a las que pertenecen y los principios éticos básicos. Señalar a un segmento de la sociedad y considerarlos una amenaza es signo de intolerancia.

 

Nosotros no somos las únicas víctimas de la represión del A.K.P.; también la han sufrido los manifestantes ambientalistas pacíficos, los curdos, los alevis, los ciudadanos no musulmanes y algunos grupos de musulmanes sunitas que se muestran en desacuerdo con el partido oficialista. Sin un contrapeso, ningún grupo ni individuo está a salvo de la ira del partido oficialista. Sin importar su afiliación religiosa, los ciudadanos pueden y deben unirse en los derechos humanos universales y las libertades individuales y oponerse democráticamente a quienes no los respetan.

 

Turquía ha alcanzado hoy un punto en el cual la democracia y los derechos humanos han quedado prácticamente archivados. Tengo la esperanza, y oro por ello, que aquellos que están en el poder reviertan su actual camino de dominación. En el pasado, el pueblo turco ha rechazado a líderes elegidos por votación pero que se habían desviado del camino democrático. Espero que vuelvan a ejercer sus derechos legales y democráticos para reclamar el futuro de su país.

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